Cartografías de lo oculto

Daniel Infante y Bruno López

25.06.2025 - 27.09.2025

Cartografías de lo oculto
Fechas: 25.06.2025 - 27.09.2025
Artistas: Daniel Infante y Bruno López
Lugar: RealtyArt Sevilla. C/ de las Cortes 2, Sevilla Cartografías de lo oculto reúne a Daniel Infante y Bruno López, dos artistas que toman caminos distintos, pero que terminan encontrándose en el mismo punto: ese lugar donde las cosas no se ven a simple vista. Lo que vemos aquí no son solo obras, sino restos de un proceso. Capas —de color, de materia, de intención— que piden ser descubiertas, reveladas y recorridas. A los dos les interesa el acto de crear como algo que va más allá del resultado final. Trabajan con capas, esconden cosas para después mostrarlas, y nos recuerdan que cada superficie tiene algo guardado. En esta exposición, lo oculto no es algo misterioso, es parte del método. Las piezas que vemos no están solo para ser contempladas, sino para ser entendidas como el final de un proceso complejo, físico y mental. Daniel Infante, por ejemplo, parte del juego como estrategia. Infante nos habla del juego como forma de conocimiento y del arte como herramienta para descubrir lo que hay debajo de la superficie. Usa la técnica del esgrafiado: ceras de colores cubiertas con una capa negra que luego se va retirando, como cuando uno jugaba de niño. Sus gestos recuerdan a la rayuela, a un puzle, a la cuerda. Lo lúdico, en el trabajo de Infante, no es algo frívolo. Más bien, es una forma de resistencia: usar el juego para romper con la seriedad solemne del arte, como lo haría un niño que, sin proponérselo, pone en jaque las reglas del aburrimiento institucional. Infante no pinta para ser contemplado pasivamente, sino para generar preguntas en quien mira: ¿qué hay debajo de lo que se muestra?, ¿por qué cubrir algo vivo con una capa oscura? Aunque el público no intervenga directamente en la obra, entiende que lo importante no está en la superficie, sino en lo que se va revelando poco a poco, con tiempo y atención. Bruno López, en cambio, es más meticuloso. Trabaja con madera, con capas de óleo, con formas que siguen un ritmo. Su lenguaje es geométrico, repetitivo, contenido. Pero en medio de tanta precisión, deja un pequeño espacio para lo inesperado: usa reservas que construyen y revelan la imagen final y rompen con la rigidez del proceso. Hay algo muy bello en esa combinación de control y libertad. Bruno no representa la belleza, la construye. El suyo es un orden geométrico que no renuncia a la sensualidad de la materia: la madera y el óleo. Ensaya con estructuras, con ritmos, con equilibrio. Y justo al final, cuando todo parece estar bajo control, se permite un gesto de soltura, un pequeño desvío. Como si supiera que, en el arte (y en la vida), lo humano aparece justo cuando dejamos de apretar tanto. En sus obras más recientes, Bruno incorpora los pigmentos Negro Vantablack y Azul Klein —aunque no los adquirió de sus dueños originales, sino de Stuart Semple, artista y agitador cultural que ha hecho de la democratización del color una batalla política. Semple, conocido por sabotear el monopolio de ciertos pigmentos “prohibidos” para el resto del mundo del arte, convierte sus materiales en manifiestos: cualquiera puede acceder a ellos, salvo quienes los han pretendido convertir en propiedad privada. Semple convierte sus pigmentos en manifiestos accesibles, y en manos de Bruno, estos colores cargan con esa dimensión política. El negro más denso y el azul más puro no solo atraen por su potencia visual, sino que sugieren una reflexión sobre el acceso al arte, sobre lo que se permite ver y lo que se decide ocultar. Así, incluso desde el rigor formal, Bruno abre una grieta: Lo oculto, lo que no se ve a primera vista, se manifiesta también en lo que los materiales dicen sin decir. Ambos artistas, desde lugares aparentemente opuestos —el gesto frente a la forma, lo expresivo frente a lo controlado—, consiguen hablar entre sí con armonía. Son dos maneras distintas de pintar, pero también de mirar el mundo. Infante nos dice que lo interesante no suele estar en la superficie; López, que incluso en el orden más estricto hay que dejar un resquicio a lo impredecible. Esta exposición no es sobre lo que salta a la vista. Es una invitación a mirar con otros ojos. A quedarnos un rato más frente a cada obra. Porque, como pasa con algunas personas, hay cosas que solo se entienden cuando uno se toma el tiempo de verdad.
Texto: Anabel Zunino

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