Pepe Cueto ha hecho lo que nadie le pidió y todos necesitábamos: quitarle a los personajes de Hanna-Barbera esa amabilidad de sábado por la mañana y devolverles los colmillos.
En esta serie de doce obras, los personajes que poblaron las sobremesas de varias generaciones (Don Gato, Scooby-Doo, el Oso Yogui, Maguila Gorila…) dejan atrás el trazo simpático de los dibujos animados. Ahora tienen cuerpos de verdad: respiran, tienen pelo y miradas que no buscan caerte bien. El fotomontaje digital funciona como un bisturí: injertando sobre animales reales esos sombreros, corbatas y cuellos almidonados. Y de pronto queda claro lo que siempre fueron: disfraces.
El Yogui de tus recuerdos robaba cestas de picnic sabiendo que el guardabosques nunca iba a ganar. Este oso te mira con la indiferencia de quien podría arrancarte un brazo antes del desayuno. No es una broma lo que sale de aquí, es otra cosa. Hanna-Barbera inventó animales que vivían en barrios residenciales, tenían jefes, pagaban facturas. Cueto les quita ese disfraz y nos recuerda lo obvio: un oso siempre fue un oso.
Y hay algo incómodo en eso. Resulta que crecimos viendo fieras vestidas de domingo. Y puede que nosotros no andemos tan lejos de eso.
La Galería Zunino presenta la primera exposición individual de Pepe Cueto, artista sevillano que lleva años trabajando como ilustrador editorial y participando en colectivas, y este proyecto llevaba tiempo gestándose: un safari por los recuerdos de varias generaciones, donde cada pieza captura ese momento en que lo familiar se vuelve raro y lo salvaje, demasiado cercano.
Pasen y vean. Pero no se acerquen mucho a las jaulas.