En la trayectoria de Kimika (Gifu, Japón) el arte textil ha estado más que presente. En este último proyecto, ‘ELLA’, lo textil trasciende lo puramente matérico y transcurre por lo político, lo social o lo emocional. Y es que las piezas de esta exposición están confeccionadas con jirones de melhfa (vestimenta tradicional de las mujeres saharauis), arrancados por las mujeres que las vestían, refugiadas saharauis de los campamentos de Tinduf (Argelia). Antes de profundizar en las propias obras de la exposición, es importante conocer el contexto saharaui.
Desde 1936 hasta 1975 el Sáhara fue una colonia española. Posteriormente, con la ayuda de España, Francia y EEUU es ocupada casi en su totalidad por Marruecos, quien mantiene una guerra abierta hasta día de hoy. Un muro de más de 2720 kilómetros separa la zona ocupada por Marruecos y la Zona Libre de la RASD (República Árabe Saharaui Democrática), territorios plagados de minas anti personas y bloqueados por Marruecos. No hay que olvidar los 5 campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia), donde viven aproximadamente 173.000 saharauis (mientras que en la Zona Libre viven unos 30.000). A pesar la resistencia ejercida por el Frente Polisario, de las denuncias de la ONU y del reconocimiento de la RASD por más de 80 países, a día de hoy se sigue embistiendo contra los derechos humanos de los y las saharauis, tanto los que están bloqueados en la Zona Libre, como los que están refugiados en los campamentos de Tinduf.
Campamentos en el duro desierto del Sáhara argelino, estéril y rocoso, donde los recursos naturales son más que escasos y la situación de los que allí viven, infrahumana. Es en estos campamentos donde Kimika lleva trabajando varios años. Es en esos campamentos donde viven esas mujeres que le han entregado los girones de sus melhfas. La melhfa, como decíamos, es la vestimenta tradicional de la mujer saharaui. Telas de unos 1’40m de ancho y 4 de largo en las que se envuelven estas mujeres, suelen ser de colores vivos (aunque depende del uso y de la edad) y casi todas llegan a los campamentos desde Mauritania. La melhfa ha sido y es símbolo de la resistencia anticolonialista, pero también es vista como símbolo de opresión, impuesto por una sociedad patriarcal. Lo cierto es que melhfa significa cubrir. Por una parte, protege a la mujer que la lleva del calor del desierto o de las tormentas de arena, aunque también las despoja de sus siluetas, de sus formas naturales.
De una manera u otra, la melhfa es propiedad de las mujeres saharauis y no debe utilizarse como arma arrojadiza. Kimika ve en la melhfa un elemento identitario, de unión entre mujeres, de sororidad. Ve en esos colores una alegría que resiste a pesar de una situación de conflicto. El color como resistencia, como una llama que se mantiene viva en la hostil obscuridad. La llama como pasión, como feminidad, como espiritualidad… La llama como vulva, como desnudez sexual y espiritual femenina. Pero también la llama como ojo, capaz de ver dentro de las tinieblas. No hay que olvidar que Kimika viene de Japón, donde se recibe una educación emocional contenida, en la que exteriorizar los sentimientos y emociones es símbolo de debilidad. Es curioso observar cómo la confección de sus piezas es superpuesta, es decir, de dentro hacia fuera, como una declaración de intenciones susurrada, sutil pero certera. Dentro de esas formas confeccionadas hay otras, como si de una matrioshka se tratase, presentando una consecución de elementos que se preservan unos a otros, constituyéndose como una unidad colectiva.
En definitiva, ‘ELLA’ encierra un conflicto que a su vez encierra otros tantos. Kimika es capaz de tratar la dureza y las calamidades del Pueblo Saharaui desde la quietud y la armonía, fijando su punto de atención en elementos simbólicos, casi totémicos, capaces de representar todo este conflicto con una verdad abrumadora, estremecedora. Un homenaje desde la admiración y no desde la compasión a esas mujeres que tras ser obligadas a abandonar sus casas, se encargan de sacar adelante los campamentos donde viven, siendo ignoradas por gran parte de la comunidad internacional, pero sin perder la esperanza, pues han sido capaces de acarrear su patria a través del desierto, llenándola con cada paso, de más y más dignidad.

Guillermo Amaya Brenes 

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