Interpaisajes

23 abril 2020

 

“Interpaisajes” es una exposición virtual que surge de la colaboración entre la galería sevillana de arte contemporáneo Galería Zunino, dirigida por Anabel Zunino, y la galería malagueña Eldevenir Art Gallery, dirigida por María Rosa Jurado. En esta muestra colectiva, hemos reunido a 17 artistas en torno a un elemento común: el paisaje, su representación y los diferentes matices que cada artista introduce en sus obras.

Artistas participantes: Claudia IhrekJosé Luis Moreno,  Alba CortésRafael JiménezFernando BayonaMaría Luisa BeneytezJonathan NotarioÓscar Ortiz MarzoJuan de la RicaBea SánchezSofía GonzálezJuanma Moreno SánchezSimón ZabellJosé Luis PucheMiguel ScheroffJesús ZuritaAntonio Rico

 

Texto:  Guillermo Amaya Brenes

Interpaisajes

¿De qué hablamos cuando hablamos de paisaje? Podría parecer una pregunta sencilla, incluso superficial, pero para hablar de paisaje hay que detenerse un poco. Si cuando hablamos de paisaje hacemos alusión a una realidad natural física por sí misma, a un conjunto matérico natural con una estética determinada, estaríamos equivocados, profundamente equivocados. Cuando se trata el paisaje se hace referencia al producto de un proceso complejo que, sí que es cierto, se origina con ese conjunto natural (al que erróneamente llamamos paisaje), o más bien, con la percepción de este.

El paisaje es el retrato (en el amplio sentido de la palabra) de la relación del ser humano con la naturaleza. En esta relación se mezclan diferentes elementos: elemento sensible (aludiendo a lo sensorial, a los sentidos), elemento cognitivo (refiriendo la razón y la estética) y elemento afectivo (lo emocional que emana de lo empírico, de la experiencia). En resumidas cuentas, estos elementos conformarían la percepción, como algo complejo que va más allá de una cuestión sensorial. Para los griegos la palabra percepción se podría traducir por “recogida”, en el sentido de tomar o reclamar algo. Y en latín, percipio hace alusión a “tomar posesión de”. Es decir, para que se lleve a cabo un acto perceptivo no sólo tendría que darse un elemento sensorial (algo que es captado a través de los sentidos), sino que también tendría que darse un elemento cognitivo e, inevitablemente, un elemento emocional ligado a la experiencia subjetiva.

De esta forma podemos decir que el paisaje no es una playa en sí, o un prado en sí, o una montaña en sí (ni todos los elementos que los conforman), sino el constructo mental que se produce al percibirlos, partiendo de la mirada (esencial a la hora de comprender el paisaje) y concluyendo con un complejo proceso cognitivo y emocional en el que la psique se apropia de lo percibido, proyectando un reflejo subjetivo de éste. Es en ese proceso donde reside la esencia del paisaje, su fundamento, sus cimientos. Y es de esto de lo que se ocupa la exposición ‘Interpaisajes’: una exposición con 17 artistas divididos en 4 grupos diferentes a través de los cuales se analizarán diferentes vías en las que se construye el paisaje.


Paisaje y memoria


Si el paisaje es un constructo mental, una forma de acceder a él sería a través del recuerdo, a través de la memoria. Del proceso mediante el que se conforma el paisaje como tal (a través de las conexiones cognitivas y emocionales en la psique humana), se genera una serie de vestigios evocando un paisaje pasado. La memoria como una acción arqueológica del paisaje, como un registro de formas, figuras, sensaciones y emociones referentes a una experiencia ligada al paisaje. Podemos hablar de una memoria personal, pero también de una memoria social o colectiva y de una memoria histórica.

    Claudia Ihrek, mediante el collage fotográfico, trata la fragmentación del paisaje a través de la memoria. Remanentes de una realidad física que se entremezclan entre sí para generar una nueva realidad psíquica, caótica y que camina hacia las fronteras de lo abstracto, el recuerdo. Un trabajo mediante el que se representa el orden inconexo en el que se registran recuerdos (y por tanto los paisajes) en la memoria.

Artista: Claudia Ihrek
Título: Conjuro VI
Técnica: Collage fotográfico sobre Passepartout
Medidas: 80 x 60 cm
Año: 2016

 

De una forma más matérica pero en un sentido similar, José Luis Moreno Gamez trata la deformación del paisaje a través de la memoria. En este caso, mediante el deterioro accidental de la fotografía, se encarna el desgaste que provoca el paso del tiempo en los paisajes que habitan en el recuerdo. Inevitablemente, este proyecto tiene la capacidad (no sé si intencionada) de llevarnos al alzhéimer u otras enfermedades. De una forma u otra, el carácter narrativo de la fotografía de Moreno se diluye en una metáfora de lo accidental y el transcurrir del tiempo.

Artista: José Luis Moreno
Título: Especial por el Mar
Técnica: Tintas pigmentadas minerales sobre papel de algodón
Medidas: 60 x 40 cm
Año: 2014

 

En la acción de recordar, de recurrir a la memoria para acceder a un paisaje, la experiencia (sensorial y emocional) que se tuvo al contemplar un paisaje es crucial. Para Alba Cortés es imprescindible imprimar el paisaje con esa carga emocional, hacer que la pintura patente la experiencia única y subjetiva que se percibió al contemplar un paisaje pretérito. En otra palabras, Cortés otorga a la pintura la responsabilidad de atestiguar los matices que emanan de la propia experiencia vivida.

Artista: Alba Cortés
Título: Cuarzo I y II
Técnica: Óleo sobre lino
Medidas: 60×60 cm c/u
Año: 2019

 

No toda la experiencia respecto a un paisaje es personal. Es necesario hablar de la memoria colectiva o social. Rafael Jiménez Reyes trata dicha memoria a través de la deformación de obras icónicas de la historia del arte. En este caso la obra alterada es ‘El caminante sobre el mar de nubes’ de Caspar David Friedrich. Una muestra de cómo un paisaje puede permanecer en el imaginario colectivo sin necesidad de haber estado en él (en este caso en la Suiza Sajona, Alemania).

Artista: Rafael Jiménez
Título: ST. (Friedrich)
Técnica: Plástilina sobre papel
Medidas: 50 x 70 cm
Año: 2020

 

Si hay algún tipo de memoria de la que se habla desde hace algún tiempo en el ámbito político es la memoria histórica. Un ejercicio complejo que se basa en hacer que hechos históricos olvidados pasen a formar parte de la memoria colectiva. Así, Fernando Bayona en uno de sus últimos proyectos, ‘Paragraph 175’, trata a través de la fotografía un “programa médico” desarrollado por el régimen nazi para (supuestamente) curar la homosexualidad. Llevado a cabo en los campos de concentración de Sachsenhausen, Ravensbrück y Fürstenberg, Bayona elabora un registro fotográfico, exponiendo un paisaje sumergido en la historia olvidada de las personas que por allí pasaron.

Artista: Fernando Bayona
Título: Inmate´s infirmary (Buchenwald)
Técnica: Impresión ink jet con tintas pigmentadas sobre papel de algodón Photo Rag Hahnemühle 310 grs, montada sobre dibond de aluminio de 3 mm y enmarcada en madera lacada con cristal protector
Medidas: 90 x 50 cm
Año: 2017

 

Artista: Fernando Bayona
Título: Admisssions barrack to the facilities for sick inmates (Buchenwald)
Técnica: Impresión ink jet con tintas pigmentadas sobre papel de algodón Photo Rag Hahnemühle 310 grs, montada sobre dibond de aluminio de 3 mm y enmarcada en madera lacada con cristal protector
Medidas: 90 x 50 cm
Año: 2017

Título: Inmate´s infirmary (Buchenwald) byn
Técnica: Impresión ink jet con tintas pigmentadas sobre papel de algodón Photo Rag Hahnemühle 310 grs, montada sobre dibond de aluminio de 3 mm y enmarcada en madera lacada con cristal protector
Medidas: 30 x 23 cm
Año: 2017

 


PAISAJE Y COLOR


Hay paisajes que se esconden en lugares recónditos de la psique humana, paisajes que jamás fueron observados por ninguna mirada humana. Paisajes guarecidos en los entresijos de lo onírico, del delirio cotidiano del subsistir, de la entelequia. Son paisajes que emergen sin la necesidad de ser percibidos por los sentidos de forma directa. Es inevitable que incluso en la imaginación o en los sueños se sigan una serie de patrones que sí que pertenecen a una realidad física. Esto no evita que surjan colores, elementos o atmósferas que no se correspondan con una realidad física. Es ahí donde reside el poder de la mente humana, la fuerza de poder imaginar, soñar o recrear una realidad fuera de los patrones de la naturaleza, fuera de los principios y leyes físicas, fuera de la propia razón.

El trabajo de María Luisa Beneytez muestra paisajes urbanos que nos llevan a ciudades californianas como San Francisco o Los Ángeles. No son unos paisajes fortuitos, tampoco son paisajes fidedignos a la realidad que en estas ciudades se puede observar. Beneytez altera el color de algunos elementos con la clara intención de “feminizar” una afición tan popular como masculina de las ciudades a las que se alude: coleccionar coches clásicos americanos. Haciendo uso de los colores simbólicos a los que evoca California en el ideario colectivo, transforma el paisaje y su realidad en cuanto a género se refiere.

Artista: María Luisa Beneytez
Título: California Dreamin’ nº1
Técnica: Acrílico sobre lino
Medidas: 33×24 cm
Año: 2019

 

Artista: María Luisa Beneytez
Título: California Dreamin’ nº3
Técnica: Acrílico sobre lino
Medidas: 33×24 cm
Año: 2019

 

En la obra de Jonathan Notario el paisaje está más que presente, siendo el protagonista en la mayoría de ocasiones. Estos paisajes aluden a una realidad virtual retrofuturista: la de los videojuegos arcade de la época de los 70 a los 90. Son paisajes que surgen de una miscelánea en la que se entremezclan paisajes naturales, arquitecturas y estéticas futuristas (como se imaginaba la arquitectura actual hace 40 años) y una atmósfera que evoca a la ciencia ficción o a la fantasía.

Artista: Jonathan Notario
Título: Las Maravillas del Mundo II
Técnica: Acrílico, tinta, collage y barniz de óleo sobre lienzo
Medidas: 30 x 30 cm
Año: 2017

Artista: Jonathan Notario
Título: Arcade Paintings II
Técnica: Acrílico, tinta y collage sobre lienzo
Medidas: 30 x 30 cm
Año: 2018

 

Si hay un lugar donde se produce un caos creativo, es en los sueños. Un espacio indómito donde la razón pierde su potestad y donde la imaginación, los deseos, miedos, ilusiones y quimeras proyectan una serie de escenarios que huyen de la racionalidad humana. De lo onírico es de donde bebe precisamente Óscar Ortiz. En su obra presenta una escena nocturna (periodo donde se suelen generar los sueños) donde el paisaje hace las veces de una escenografía en la que el sueño ejerce de director de una obra teatral donde el/la que sueña queda a su plena disposición.

Artista: Óscar Ortiz Marzo
Título: Sin título. Escena nocturna
Técnica: Tinta china, lápices de colores y acuarela sobre papel
Medidas: 21×21 cm
Año: 2019

 

Para Juan de la Rica el paisaje no sólo tiene un valor representativo (o al menos en cuanto a lo representado se refiere). Si el paisaje es el retrato de la relación del ser humano y su entorno (ya sea un entorno natural o urbano), es esencial el carácter subjetivo de las emociones experimentadas en dicho entorno. De la Rica hace un uso del color para manifestar dicha emocionalidad, de forma sólida, saturada y sintética, recordando a los fondos arquitectónicos del Quattrocento Italiano, pero llevándolos a un primer plano, otorgándoles protagonismo. Asimismo, una combinación de colores vivos y neutros podría evocar, con su obra homónima, a ‘El árbol de la ciencia’ de Pío Baroja, a la profundidad filosófica de esta obra literaria y a las preocupaciones existenciales reflejadas en la Generación del 98 (amargura existencial, angustia, incertidumbre o melancolía).

Artista: Juan de la Rica
Título: El árbol de la ciencia
Técnica: Óleo sobre lienzo
Medidas: 73 x 92 cm
Año: 2019

 

Artista: Juan de la Rica
Título: La Ciudad Amurallada
Técnica: Óleo sobre lienzo
Medidas: 38 x 46 cm
Año: 2020

 


PAISAJE Y FIGURA


Si se profundiza en el paisaje como retrato de la relación ser humano-entorno es necesario hablar del ser humano como figura, no sólo como un elemento que representa manifiestamente al ser humano, sino como una carga sustancial de todo lo que ello conlleva (emocional, racional, social). En cualquier obra de arte en la que se represente una figura humana el paisaje sufre un cambio sustancial. Recuerdo la primera vez que entré en el Museo de Bellas Artes de Sevilla y me detuve ante el paraíso terrenal de Brueghel el Viejo. Esta obra se compone por dos escenas separadas de forma diagonal. En el primer plano aparece Eva dando la manzana a Adán, instantes antes de que este la mordiera. En un segundo plano, en el cielo, un ángel lanzando un rayo. Hasta que no seguí la dirección del rayo no encontré, detrás de unos árboles, a Adán y Eva corriendo, siendo expulsados del paraíso. En ese momento, la figura (las figuras en este caso) transformó por completo el paisaje (los árboles, el cielo, los animales y todos los elementos que lo componían), dotándolo de un carácter dramático y trágico que hasta el momento no se percibía.

Dentro la relación del ser humano con su entorno se da una especie de contradicción, y es que, a pesar de poder observarlo como algo externo, es inherente a él. En los retratos-paisajes de Bea Sánchez, a través del formato del díptico y con una narrativa poética, se muestra dicha “contradicción”. Una paradoja que la artista salva desde la propia conciliación del ser, de la figura, sabiéndose no sólo parte de su entorno, de la naturaleza o del paisaje, sino gracias a estos.

Artista: Bea Sánchez
Título: Flora y fauna I y II
Técnica: lápices y acuarela sobre papel
Medidas: 40 x 30 cm c/u
Año: 2019

 

En los trabajos de Sofía González se muestra la relación vigente del ser humano y la naturaleza a través de paisajes actuales. En éstos, la presencia de la figura humana es excepcional, en tanto que no es su entorno habitual. A día de hoy (sobre todo en entornos urbanos), el encuentro con la naturaleza se vuelve un hecho puntual, una excepción en la cotidianidad del ser humano. Una actividad extraordinaria que casi se envuelve del espíritu del explorador romántico del siglo XIX (para pasar una tarde en el campo).

Artista: Sofía González
Título: El vuelo
Técnica: Óleo sobre lienzo
Medidas: 150×150 cm
Año: 2020

 

En el caso de Juanma Moreno la presencia del paisaje es tan casual como imprescindible. En su trabajo es muy frecuente encontrar escenas cotidianas (actuales) donde algún elemento altera dicha escena a través de lo absurdo, escapando así de la monotonía que emana de lo vulgar. El paisaje se alza en un segundo plano como una escenografía aparentemente fortuita. No obstante, siempre está presente, siendo testigo de esos momentos anodinos, insustanciales, que vivimos a diario.

Artista: Juanma Moreno Sánchez
Título: Candelaria
Técnica: Óleo sobre tabla
Medidas: Díptico (2 piezas de 1x1m)
Año: 2014 – 2020

 

‘Our men in Tahiti’ es el proyecto de Simon Zabell, inspirado por la novela de Robert Louis Stevenson, ‘Bajamar’ (‘The Ebb Tide’) y mediante el que investiga la historia del colonialismo en el Pacífico Sur, en concreto en Tahití. Una historia que tiene que ver con la crueldad, la mezquindad y el sometimiento. De este proyecto surgen una serie de paisajes donde se confronta la belleza de los mismos y la figura del ser humano. En este caso una figura no sólo pictórica, sino histórica y social capaz de oscurecer hasta los atardeceres más conmovedores. La figura del ser humano como una huella indeleble del paisaje, en términos históricos, estéticos y ecológicos.

Artista: Simón Zabell
Título: Our Men in Tahiti
Técnica: Óleo sobre lienzo
Medidas: 70 x 55 cm
Año: 2019

 


PAISAJE Y CONCEPTO


A estas alturas podemos afirmar que hablar de paisaje es hablar de concepto (en tanto que proyección o construcción mental). El paisaje como idea que reposa en el bullicio de razonamientos, emociones y recuerdos que cohabitan en la mente humana. El paisaje como contenido (idea de por sí) y como contenedor (capaz de albergar otros conceptos dentro de sí). Y como constructo y constructor de pensamientos capaz de emerger entre la complejidad humana para esclarecerla o revestirla de más complejidad aún. El paisaje, como vínculo del ser humano con su entorno (o viceversa), deja una infinidad de ventanas y puertas abiertas de par en par en las que la corriente (las ideas, los conceptos) atraviesa con la impaciente premura de lo recién liberado.

En la obra de José Luis Puche se da el fenómeno de la levedad, una sutil gestualidad en la síntesis del grabado en la que se ampara la incertidumbre, el misterio del movimiento. Una escenografía viva, intérprete por sí misma, sin necesidad de más actores ni actrices, en la que los vacíos y silencios son fieles compañeros del murmurar de sus trazos. Con la elegancia de la técnica de los grandes grabadores (Durero, Goya o incluso su paisano Picasso) y una sincera simplicidad, Puche consigue hacer del paisaje un deleite tan estético como conceptual.

Artista: José Luis Puche
Título: Selection, cloud and Monday
Técnica: Aguatinta sobre papel
Medidas: 27 x 34 cm
Año: 2012

 

En la trayectoria de Miguel Scheroff ha sido muy frecuente encontrar obras que tratan la cruda realidad del ser humano a través de rostros o cuerpos totalmente descarnados. ‘Ofrenda a las aves’, sin mostrar la crudeza de la carne, consigue esa misma reacción donde el rechazo y la atracción se dan la mano para persuadir la mirada y situarla en el regocijo de lo incómodo. Una escena que recuerda al sacrificio de Isaac o a las obras de Rubens ‘Saturno devorando a su hijo’ y ‘La masacre de los inocentes’, revelando los límites a los que puede llegar el ser humano. También recuerda a los conciertos de aves de Frans Sneyders o Paul de Vos, siendo la partitura en esta ocasión un bebé a punto de ser devorado. Las aves, la luz, las nubes y, en definitiva, el paisaje, conjurados, con tintes barrocos con la inhumanidad.

Artista: Miguel Scheroff
Título: Sacrificio y Ritual
Técnica: Carboncillo sobre papel
Medidas: 170x150cm
Año: 2018

 

Si bien el trabajo de Jesús Zurita rehúye la reducción a lo simbólico de las figuras y las naturalezas, se da una narrativa vaporosa que tensiona entre sí los elementos que la componen. Hasta ser percibida por la mirada del espectador se trata de una narrativa inconclusa, una narrativa desprovista de su consumación. En este caso, la obra trata la coexistencia del ser humano y la naturaleza (el paisaje), las sinergias (en la mayoría de ocasiones desiguales) que se dan entre ambos. Un dibujo en el que, a pesar de poder discernir dos elementos claramente diferenciados, muestra el vínculo insalvable mediante el que el paisaje y el ser humano se hacen una única cosa.

Artista: Jesús Zurita
Título: Crujidos
Técnica: Tinta sobre papel Canson 370 g
Medidas: 21 x 30 cm
Año: 2017
Colección privada

 

Con la pieza de Antonio Rico se reúnen muchas cuestiones que ya han sido tratadas, todas concentradas en un solo concepto: la síntesis de la materia como la relación principal del ser humano con la naturaleza. Piensa en todo lo que tienes a tu alrededor. A pesar de su diseño o su apariencia, está compuesto por materiales que vienen directa (madera, metal) o indirectamente (plástico) de la naturaleza. Esta obra evoca a esa naturaleza que ha sido sintetizada por el ser humano: una pieza de mármol Macael rodeada por un esparto y apoyada sobre una base de mármol gris Toledo. El paisaje sintetizado, reducido exclusivamente a su usufructo en manos del ser humano.

 

Artista: Antonio Rico
Título: Rizo de Mar
Técnica: Escultura en mármol macael, esparto, base gris Toledo
Medidas: 9 x 9 x 9 cm
Año: 2015

Catálogo de la exposición

Para recibir más detalles de alguna obra en particular o consulta de precios, via mail: galeriazunino@gmail.com o por teléfono 606780084. Enviamos a todos los paises.

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Artistas Participantes:

Alba Cortés (Cáceres, 1991)
Antonio Rico (Málaga, 1971)
Bea Sánchez (Jaén, 1986)
Claudia Ihrek (Sevilla, 1988)
Fernando Bayona (Jaén, 1980)
Jesús Zurita (Ceuta, 1974)
Jonathan Notario (León, 1981)
José L Moreno (Málaga, 1970)
José Luis Puche (Málaga, 1976)
Juan de la Rica (Bilbao, 1979)
Juanma Moreno (Alcalá la Real , Jaén, 1986)
María Luisa Beneytez (Sevilla, 1980)
Miguel Scheroff (Navas de Tolosa, Jaén, 1988)
Óscar Ortiz Marzo (París, 1975)
Rafael Jiménez (Córdoba, 1989)
Simón Zabell (Málaga, 1970)
Sofía González (Sevilla, 1994)

 

Text in english

Interlandscapes
Guillermo Amaya Brenes

What do we talk about when we talk about landscape? It might seem like a simple question, even superficial, but you have to stop a bit to talk about a landscape. If, when we speak of the landscape, we allude to natural physical reality by itself, to a biological material set with a certain aesthetic, we would be wrong, profoundly wrong. When it comes to landscape, reference is made to the product of a complex process that, yes, it is true, originates with that natural ensemble (which we mistakenly call landscape), or instead, with its perception.

The landscape is the portrait (in the broad sense of the word) of the relationship between human beings and nature. In this relationship, different elements are mixed: sensitive element (referring to the sensory, to the senses), cognitive element (referring to reason and aesthetics) and affective element (the emotion that emanates from the empirical, from experience). In short, these elements would make up perception as something complex that goes beyond a sensory issue. The Greeks could translate the world perception as “gathering”, taking or claiming something. And in Latin, percipio refers to “taking possession of”. For a perceptual act to be carried out, there would have to be a sensory element (something captured through the senses). Still, there would also have to be a cognitive element and, inevitably, a moving part linked to the subjective experience.

In this way, we can say that the landscape is not a beach in itself, or a meadow in itself, or a mountain in itself (nor all the elements that make them up), but the mental construct that is produced when perceiving them, starting from the gaze (essential when understanding the landscape) and concluding with a complex cognitive and emotional process in which the psyche appropriates what is perceived, projecting a subjective reflection of it. In this process, the essence of the landscape resides, its foundation, its foundations. And this is what the exhibition ‘Interpaisajes’ deals with a show with 17 artists divided into four different groups that will analyze how is built a landscape.

LANDSCAPES AND MEMORY

Memory as an archaeological action of the landscape, as a record of forms, figures, sensations and emotions referring to an experience linked to the landscape. If the landscape is a mental construct, one way of accessing it would be through recollection, through memory. From the process by which the landscape is formed (through the cognitive and emotional connections in the human psyche), a series of relics are generated, evoking a past landscape. We can speak of personal memory and social or collective memory, and historical memory.

Claudia Ihrek, through photographic collage, deals with the fragmentation of the landscape through memory. Remnants of a physical reality that intermingles to generate a new psychic reality, chaotic and that walks towards the borders of the abstract memory. A work through which the unconnected order in which memories (and therefore landscapes) are recorded in memory is represented.

In a more material way but a similar sense, José Luis Moreno Gamez deals with the deformation of the landscape through memory. In this case, through the accidental deterioration of the photograph, the wear caused by the passage of time in the landscapes that inhabit the memory is embodied. In one way or another, the narrative character of Moreno’s photography dissolves into a metaphor of the accidental and the passing of time. Inevitably, this project has the ability (I don’t know if it was intentional) to lead us to Alzheimer’s or other diseases.

In the action of remembering, of resorting to memory to access a landscape, the experience (sensory and emotional) that was had when contemplating a landscape is crucial. For Alba Cortés, it is essential to prime the landscape with that emotional charge to make the painting reveal the unique and subjective experience perceived when contemplating a past landscape. In other words, Cortés gives painting the responsibility of witnessing the nuances that emanate from the experience itself.

Not all experience regarding a landscape is personal. It is necessary to talk about collective or social memory. Rafael Jiménez Reyes deals with this memory through the deformation of iconic works from the history of art. In this case, the altered work is ‘The walker above the sea of ​​clouds’ by Caspar David Friedrich. An example of how a landscape can remain in the collective imagination without having been in it (in this case, in Saxon Switzerland, Germany).

If any memory has been talked about for some time in the political arena, it is historical memory. A complex exercise based on making forgotten historical events becomes part of the collective memory. Thus, Fernando Bayona, in one of his latest projects, ‘Paragraph 175’, deals through photography with a “medical program” developed by the Nazi regime to (supposedly) cure homosexuality. Carried out in the concentration camps of Sachsenhausen, Ravensbrück and Fürstenberg, Bayona creates a photographic record, exposing a landscape submerged in the forgotten history of the people who passed through there.

LANDSCAPE AND COLOR

Some landscapes hide in remote places of the human psyche, landscapes that any human gaze has never observed, like landscapes sheltered in the ins and outs of the oneiric, the daily delirium of subsisting, and the entelechy. They are landscapes that emerge without the need to be directly perceived by the senses. It is inevitable that even in the imagination or in dreams, a series of patterns are followed that belong to physical reality. It does not prevent colours, elements or atmospheres from emerging that do not correspond to physical reality. That is where the power of the human mind resides, the force of being able to imagine, dream or recreate a reality outside of the patterns of nature, outside of physical principles and laws, outside of reason itself.

The work of María Luisa Beneytez shows urban landscapes that take us to Californian cities such as San Francisco or Los Angeles. They are not fortunate landscapes, nor are they landscapes that are faithful to the reality that can observe in these cities. Beneytez alters the colour of some elements with the explicit intention of “feminizing”, a hobby as popular as it is masculine in the towns to which it alludes: collecting classic American cars. Making use of the symbolic colours that California evokes in the collective ideology, it transforms the landscape and its reality in terms of gender.

In the work of Jonathan Notario, the landscape is more than present, being the protagonist in most cases. These landscapes allude to a retro-futuristic virtual reality: that of arcade video games from the 70s to 90s. They are landscapes that arise from a collection in which natural landscapes, architectures and futuristic aesthetics (as imagined by current 40 years ago) and an atmosphere that evokes science fiction or fantasy.

If there is a place where creative chaos occurs, it is in dreams. An indomitable space where reason loses its power and where imagination, desires, fears, illusions and chimaeras project a series of scenarios that flee from human rationality. Óscar Ortiz drinks precisely from the oneiric. In his work, he presents a nocturnal scene (period where dreams are usually generated) where the landscape acts as a set. The vision serves as the director of a play where the dreamer remains at his complete disposal.

LANDSCAPE AND FIGURE

Suppose the landscape is studied as a portrait of the human being-environment relationship. In that case, it is necessary to speak of the human being like a figure, not only as an element that manifestly represents the human being but as a substantial burden of everything that this entails (emotional, rational, social). The landscape undergoes a considerable change in any work of art in which a human figure is represented. I remember the first time I entered the Museum of Fine Arts in Seville and stopped in front of the earthly paradise of Brueghel the Elder. This work is made up of two scenes separated diagonally. In the foreground, Eva appears to give the apple to Adam moments before he bites it. In the background, in heaven, an angel throws a thunderbolt. Until I followed the direction of the lightning, I did not find, behind some trees, Adam and Eve running, being expelled from paradise. At that moment, the figure (the figures in this case) completely transformed the landscape (the trees, the sky, the animals and all the elements that made it up), giving it a dramatic and tragic character that had not been perceived until now.

Within the relationship of the human being with his environment, there is a kind of contradiction, and that is that, despite being able to observe it as something external, it is inherent to him. In the portrait-landscapes of Bea Sánchez, through the format of the diptych and with a poetic narrative, this “contradiction” is shown. A paradox that the artist saves from the very conciliation of being, of the figure, knowing not only part of her environment, nature or the landscape, but thanks to them.

In the works of Sofía González, the current relationship between human beings and nature is shown through existing landscapes. In these, the presence of the human figure is exceptional, as it is not his usual environment. Today (especially in urban settings), the encounter with nature becomes a one-time event, an exception in the daily life of human beings. A great activity that almost embraces the spirit of the romantic explorer of the 19th century (to spend an afternoon in the countryside).

In the case of Juanma Moreno, the presence of the landscape is as casual as it is essential. In his work, it is widespread to find everyday (current) scenes where some element alters said scene through the absurd, thus escaping from the monotony that emanates from the vulgar. The landscape rises in the background like a seemingly fortuitous scenery. However, it is always present, witnessing those dull, insubstantial moments that we experience daily.

‘A story that has to do with cruelty, pettiness and submission. Our men in Tahiti’ is Simon Zabell’s project, inspired by Robert Louis Stevenson’s novel ‘Bajamar’ (‘The Ebb Tide’) and through which he investigates the history of colonialism in the South Pacific, specifically in Tahiti. From this project, a series of landscapes arise where their beauty and the figure of the human being are confronted. In this case, a figure that is not only pictorial but also historical and social, capable of darkening even the most moving sunsets. The constitution of the human being is an indelible trace of the landscape, in historical, aesthetic and ecological terms.

LANDSCAPE AND CONCEPT

At this point, we can affirm that to speak of a landscape is to talk about a concept (as projection or mental construction). The landscape is an idea that rests in the bustle of reasoning, emotions and memories that cohabit in the human mind: the landscape as content (a view in itself) and a container (capable of housing other concepts within itself). And as a construct and builder of thoughts capable of emerging from human complexity to clarify it or cover it with even more complexity. As a link between the human being and his environment (or vice versa), the landscape leaves an infinity of windows and doors wide open in which the current (ideas, concepts) crosses with the impatient haste of what has just been liberated.

In the work of José Luis Puche, there is the phenomenon of lightness, a subtle gesture in the synthesis of the engraving that shelters uncertainty, the mystery of movement. With the elegance of the technique of the great engravers (Dürer, Goya or even his countryman Picasso) and sincere simplicity, Puche makes the landscape a delight that is as aesthetic as it is conceptual. A live set, interpreter by itself, without the need for more actors or actresses, in which the gaps and silences are faithful companions of the murmur of its lines.

In Miguel Scheroff’s career, it has been pervasive to find works that deal with the crude reality of the human being through totally emaciated faces or bodies. ‘Offering to the birds’, without showing the crudeness of the meat, achieves that same reaction where rejection and attraction go hand in hand to persuade the gaze and place it in the joy of the uncomfortable. A scene is reminiscent of the sacrifice of Isaac or the works of Rubens’ Saturn devouring his son’ and ‘The massacre of the innocents’, revealing the limits to which the human being can reach. It is also reminiscent of the bird concerts by Frans Snyders or Paul de Vos, the score on this occasion being a baby about to be devoured. The birds, the light, the clouds and, ultimately, the landscape conjured up, with baroque overtones, with inhumanity.

Although the work of Jesús Zurita avoids reducing figures and natures to the symbolic, there is a vaporous narrative that puts the elements that compose it in tension with each other. Until the viewer’s gaze perceives it, it is an unfinished narrative, a narrative devoid of its consummation. In this case, the work deals with the coexistence of the human being and nature (the landscape) and the synergies (in most cases unequal) between the two. A drawing in which, despite being able to discern two differentiated elements, shows the insurmountable link through which the landscape and the human being become a single thing.

Antonio Rico’s piece brings together many issues that have already been dealt with, all concentrated in a single concept: the synthesis of matter as the primary relationship between human beings and nature. Think of everything you have around you. Regardless of its design or appearance, it is made of materials that come directly (wood, metal) or indirectly (plastic). This work evokes that nature that the human being has synthesized: a piece of Macael marble surrounded by esparto grass and supported on a grey Toledo marble base. The synthesized landscape is reduced exclusively to its usufruct in the hands of the human being.

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