En medio del desierto de Atacama (Chile), a 5.000 metros sobre el nivel del mar, existe un paisaje con aspecto lunar bajo uno de los cielos más limpios del planeta.  Desde allí , ALMA  (Account Large Milimeter Array), el observatorio astronómico más potente del mundo, nos desvela los misterios del universo. En  este entorno, el artista, fotógrafo y arquitecto Francisco J Romero Varo , observa atento a los grandes observadores del mundo y a la gran frontera existencial que nos sitúa subordinados a la ley de la naturaleza. No es esta una frontera única, si no que se subdivide en múltiples fronteras conforme nos adentramos en ella.

       En primer lugar encontramos la frontera hombre-paisaje, que si bien en un entorno natural no debiera haber límites siendo el hombre parte de la fauna que integra la propia naturaleza, este entorno se encuentra invadido artificialmente por grandes máquinas que marcan esta diferencia. Comenta el artista que una de las cosas que más le llamó la atención al ver las antenas fue la apariencia industrial de aquellos artefactos. Cuando vemos las imágenes producidas por este observatorio, galaxias, planetas…nos ha dado incluso la primera imagen de un agujero negro, en nuestra imaginación proyectamos un observatorio propio de una película futurista de ciencia ficción. Resulta curioso observar cómo a día de hoy todo lo que tenga aura de última tecnología lo asociemos a una imagen moderna, aerodinámica y de diseño. Posiblemente se lo debamos a Steve Jobs, fundador de Apple. Sin ir más lejos, el pasado 30 de mayo, todos los telediarios abrieron con la  noticia del despegue del primer vuelo espacial construido por una empresa privada y uno de los comentarios que seguían a este titular era que los trajes de los astronautas estaban diseñados por José Fernández, el diseñador de vestuarios de películas como Capitán América, La mujer maravilla y Los 4 fantásticos. Si bien este observatorio muestra el avance del conocimiento científico propio de nuestra cultura, no podemos negar que necesitamos nuestra dosis de espectáculo a la que nos hemos ido acostumbrado. 

       Volviendo al planeta Tierra y desde este punto estratégico se abre ante Francisco una puerta por la que asomarse al espacio exterior con una nueva frontera, la frontera tierra-espacio.  Es aquí cuando el cielo deja de ser ese entorno que nos envuelve y toma consciencia de la grandeza del universo. Un universo en el que cada galaxia con sus planetas y estrellas poseen coordenadas tan reales como las de google maps. Se pierde la mística y el romanticismo hallando así una nueva frontera, la frontera realidad-sueño. En nuestra mente siempre hemos tenido una imagen del espacio bastante distorsionada por el género de la ciencia ficción, tanto en literatura y cómic como en el cine. Una imagen soñada, imaginada que contrastan en parte con esa imagen real del universo volcada por el observatorio. Si lo pensamos bien, esta imagen digital que nos llega es una secuencia de valores binarios, un conjunto de bytes que forman pixeles y lo que vemos en realidad es un enorme mosaico lleno de píxeles, uno al lado del otro dando la impresión de continuidad respecto a la tonalidad del color, y así nuestro cerebro lo percibe como una imagen. Tenemos muy claro que esas imágenes nos están mostrando una realidad, ya que aunque el proceso se realice artificialmente, sigue el mismo procedimiento que nuestro cerebro al procesar lo que vemos a través de la retina. Como también sabemos que debido a la velocidad de la luz, todo lo que observamos ahora, existía hace varios cientos de miles de años . Y así ante nosotros también se abre la frontera del tiempo que nos deja asomarnos al pasado.

       En realidad lo que tenemos ante nosotros es una frontera infinita. Tantos límites espaciales, temporales y formales como personas habitando este mundo o astros en el firmamento. Fronteras que cruzamos para ampliar nuestro conocimiento, resolver dudas y plantear nuevas cuestiones. Porque la curiosidad siempre fue el comienzo de los mayores avances y el impulso que mueve a los que quieren encontrar algo mejor.

Anabel Zunino

Autor: Francisco Javier Romero Varo 
Serie: Alma, sobre paisajes y máquinas.
Papel Canson Edition Etching Rag
Tamaño: 45×30 cm
Edición limitada de 15

Para recibir más detalles de alguna obra en particular o consulta de precios, via mail: galeriazunino@gmail.com o por teléfono 606780084. Enviamos a todos los paises.

Se pueden adquirir cada fotografía enmarcada individualmente o en caja edición coleccionista de 8 ó 16 unidades 

BIO

Francisco Javier Romero es un artista visual, arquitecto y profesor de nuevas tecnologías en la Escuela Superior de Arte Pedro Almodóvar. Su obra investiga la relación entre el medio físico y la ocupación del espacio. Las consecuencias de la acción del hombre en la evolución del paisaje o las transformaciones y fracturas provocadas por fenómenos urbanos como la gentrificación o la especulación son temas recurrentes de su trabajo.

Ha recibido premios y becas de la Fundación Arquia, el Ministerio de Educación Cultura y Deporte o la Universidad de Sevilla. Su producción artística y trabajos sobre transformaciones sobre el paisaje han sido parte de conferencias y exposiciones colectivas en espacios como la Bienal de Arquitectura de Venecia y han sido parte de publicaciones del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo entre otros organismos y fundaciones públicas y privadas.

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